San Ildefonso

San Ildefonso


Nuestro Santo Patrón y titular de la parroquia

San Ildefonso

23 de enero

Titular de la Parroquia y Patrón de Mairena del Aljarafe

Breve Reseña Biográfica

Nacido en Toledo, no se sabe con certeza si en el 606 o en el 607, Ildefonso era hijo de los nobles visigodos Esteban y Lucía; era, asimismo, sobrino de San Eugenio III, a cuya vera se formó. Al empezar su edad adolescente, fue enviado a Sevilla a estudiar en la Escuela de San Isidoro, en la que profundizó sus conocimientos en Filosofía y Humanidades. Tanto se encariñó el Santo sabio del joven Ildefonso, que intentó retenerle, sin éxito, en la ciudad hispalense.

De vuelta a Toledo, hacia el año 632, ingresó en el Monasterio Agaliense, una decisión que desembocó en un fuerte enfrentamiento con su padre: Esteban no dudo en invadir el convento con la intención de secuestrar a su hijo, pero éste logró esconderse. Al final, su madre logró convencerle del buen camino que había elegido Ildefonso. Ya monje, pudo dedicarse a la oración y al estudio.

De un monasterio a otro: los monjes de San Cosme y San Damián le eligieron como abad, dignidad que desempeñó con brillantez. No obstante, su creciente importancia no le hizo perder el sentido de la caridad y, con la herencia de sus padres, fundó un convento de monjas en un lugar llamado Deibia o Deisla. En 659, aceptó, no sin ciertas reservas, suceder a San Eugenio como arzobispo de Toledo. Sin embargo, el principal legado de San Ildefonso es su prolífica producción teológica, de rasgos marianos y sacramentarios.

La Casulla de San Ildefonso

Las antiguas leyendas narran que, entrando en la iglesia San Ildefonso acompañado de otros para rezar a la Virgen, vieron todo iluminado por una luz extraordinaria, que hizo huir espantados a todos. Quedaron con el Santo sus dos diáconos. La Virgen María estaba sentada en la sede arzobispal y les hizo señas de que se acercaran. María, fijando sus ojos misericordiosos en Ildefonso, le dijo: «Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla que me Hijo te envía de su tesoro». La Virgen misma se la invistió, mandándole usarla solamente en las fiestas litúrgicas dedicadas a su honor.

Gonzalo de Berceo (+1268), en su obra Milagros de Nuestra Señora, narra esta sublime escena en su venerable poema. «Y como la Gloriosa, estrella de la mar, - sabe a sus amigos galardón bueno dar, - aparecióle un día con muy gran mayiestat, - con un libro en la mano de muy gran claridat, - el que él auíe fecho de la virginidat; - plogolo a Illdefonso de toda voluntat. - Fízoli otra gracia, cual nunca fue oída, - dioli una casulla sin aguia cosida, - obra era angélica, non de ome texida, - fablioli pocos vierbos, razón buena complida». 

Esta escena fue creída tan firmemente que el concilio de Toledo instituyó una fiesta propia en el Calendario litúrgico local para guardar su memoria perpetua. Aparece referida en el Acta Sanctorum, y es narrada en numerosos libros antiguos, como en el Libro de los milagros de María, escrito a principios del siglo XV en Etiopía, y por orden del Negus pasó a integrarse como lectura en la liturgia. Los árabes, que en el Corán veneran a María, cuando tomaron Toledo y convirtieron en mezquita su catedral, continuaron honrando el lugar donde fue la aparición de la Virgen. No es, pues, este evento una mera leyenda medieval piadosa, como tantas otras, que apenas tienen un refrendo histórico fiable. Pasó a la tradición de los fieles con base firme. Murillo y otros grandes pintores ilustraron en sus lienzos la investidura de San Ildefonso con la casulla de la Virgen.
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